
Ayuso en Horizonte consiguió algo difícil en política: atención. Un tuit de 16 palabras, 184 respuestas y una lección incómoda para quienes todavía creen que comunicar consiste en hablar.
El otro día dejé de mirar el móvil. Puede parecer una anécdota insignificante, aunque en 2026, probablemente sea todo lo contrario.
Estaba viendo una entrevista política, tenía el teléfono en la mano, como tantas veces, televisión delante, X abierto, whatsApp entrando, notificaciones, información compitiendo por mi atención, hasta que dejé el móvil y escribí: «Cuando una entrevista política consigue que dejes de mirar el móvil, algo está pasando.»
Nada más. No dije que Isabel Díaz Ayuso tuviera razón. No pedí el voto para nadie. No hice un análisis ideológico. Ni siquiera dije que la entrevista fuera buena. Dije que había conseguido algo extraordinariamente difícil en este momento: mi atención y entonces ocurrió algo todavía más interesante.
184 personas decidieron explicarme por qué estaba equivocada
El tuit ha alcanzado 17.408 impresiones y ha generado 3.279 interacciones: 1.980 me gusta, 279 republicaciones, 184 respuestas y 244 visitas a mi perfil. Un 19% de interacciones sobre impresiones y las respuestas fueron un pequeño tratado de comunicación política.
Hubo quienes compartieron mi impresión, hubo quienes defendieron a Ayuso, hubo quienes criticaron duramente la entrevista, otros dijeron que aquello no había sido una entrevista, sino un masaje.
Algunos cuestionaron a Horizonte, otros aprovecharon para cuestionarme a mí, y por supuesto, llegaron los insultos.
Mi capacidad intelectual, mi trayectoria profesional, mis gafas, mi ideología, mi trabajo e incluso mi currículum terminaron formando parte de una conversación que había comenzado con una frase sobre dejar el teléfono encima de la mesa.
Fantástico. Porque, sin proponérselo, estaban demostrando exactamente mi tesis. Había conseguido su atención.
La política tiene un problema anterior al voto
Durante años hemos hablado de mensaje, del relato, del posicionamiento, de los marcos, de la segmentación, de las emociones. Todo sigue siendo importante, solo que existe una batalla anterior a todas ellas.
Conseguir que alguien mire.
Vivimos en una economía de la atención despiadada. Un alcalde no compite únicamente contra su oposición, compite contra Netflix, contra TikTok, contra WhatsApp, contra el fútbol, contra una notificación, contra el vídeo de quince segundos que aparece inmediatamente después del suyo y contra algo todavía más peligroso: la indiferencia.
Mientras tanto, buena parte de la política continúa comunicando como si tuviera una audiencia cautiva. Ruedas de prensa interminables, vídeos que empiezan saludando durante quince segundos, notas de prensa convertidas en publicaciones, discursos escritos para quien habla y no para quien escucha, argumentarios técnicamente impecables que nadie recuerda cinco minutos después.
Después llega la frustración: «No conseguimos trasladar lo que estamos haciendo» y quizá la pregunta anterior sea otra. ¿Has conseguido que alguien quiera escucharlo?
Atención no significa adhesión
Esta distinción es fundamental. Que alguien escuche a un político no significa que esté de acuerdo con él, que una entrevista consiga audiencia no demuestra que haya convencido, que una publicación genere miles de interacciones tampoco significa que miles de personas compartan su contenido.
La entrevista de Ayuso en Horizonte registró 1,885 millones de espectadores y un 15,5% de cuota, según los datos de audiencia publicados al día siguiente. Fue un resultado extraordinario para el programa y simultáneamente provocó críticas sobre el formato, las preguntas y el tratamiento recibido por la presidenta madrileña. Ambas cosas pueden coexistir.
Porque atención y adhesión son dos variables diferentes.
Una persona puede quedarse una hora delante de la televisión y terminar rechazando todo lo que ha escuchado. Puede leer un tuit, indignarse, entrar en tu perfil, revisar quién eres y regresar para insultarte. No la has convencido.
Aunque has conseguido algo previo: que te dedique tiempo y el tiempo es probablemente uno de los bienes más escasos de la política contemporánea.
El error es querer convencer antes de conseguir ser escuchado
Aquí está la verdad incómoda. Muchos liderazgos políticos quieren persuadir a personas cuya atención todavía no han conquistado, construyen el segundo piso sin haber levantado el primero.
Quieren explicar veinte medidas, contar cuatro años de gestión, presentar un programa electoral de doscientas páginas, responder a cada ataque, demostrar que tienen razón y olvidan una pregunta elemental ¿Por qué debería alguien dejar lo que está haciendo para escucharme?
No existe mensaje sin receptor, no existe relato sin atención, no existe persuasión sin exposición y difícilmente existe liderazgo político si eres incapaz de atravesar el ruido.
No necesitas gustar a todo el mundo
Aquí aparece otra obsesión que está haciendo muchísimo daño a la comunicación política: querer agradar.
El miedo al comentario, al titular, a la crítica, a que alguien se enfade y el resultado suele ser una comunicación tan perfectamente calculada que termina siendo perfectamente olvidable.
Esto tampoco significa que haya que provocar por provocar. El ruido vacío sigue siendo ruido, la polarización artificial no sustituye una estrategia, la ocurrencia no sustituye el pensamiento.
Captar atención sin tener nada detrás solo consigue que descubran antes que no tienes nada que decir.
Ahí está la diferencia. Primero atención, después mensaje, después posición, después credibilidad y solo entonces existe la posibilidad de persuadir.
Mi tuit tenía 16 palabras
Eso es quizá lo que más me interesa de este pequeño experimento.
Dieciséis palabras y 184 respuestas. Algunas personas estuvieron de acuerdo conmigo, otras me explicaron que Ayuso les parecía insoportable, otras dijeron que la entrevista era propaganda.
Algunas acabaron investigando quién era yo, hubo incluso quien decidió evaluar mi inteligencia a partir de una frase y mientras leía aquella sucesión de respuestas pensé: esto es exactamente de lo que estaba hablando. No de Ayuso. No de Horizonte. Ni siquiera de mi móvil. De atención.
Porque hubo personas que entraron en mi publicación para explicarme que aquello no merecía ninguna atención después de haber dedicado tiempo a verlo, leerme, responderme y, en algunos casos, visitar mi perfil. La contradicción es fascinante y políticamente muy reveladora.
Municipales 2027: la primera batalla ya ha empezado
Dentro de unos meses miles de candidatos empezarán a pedir atención. Presentarán proyectos, grabarán vídeos, visitarán barrios, publicarán propuestas, harán mítines, prometerán escuchar, explicarán todo lo que han hecho y todo lo que quieren hacer y la ciudadanía tendrá exactamente las mismas 24 horas que tiene hoy.
Por eso antes de preguntarte qué quieres contar, quizá deberías hacerte otra pregunta: ¿Qué estás diciendo para que alguien deje de mirar el móvil y decida escucharte?
Puedes tener el mejor programa, el mejor dato, la mejor gestión, incluso el mejor argumento, sin embargo, si nadie levanta la vista, todo eso tiene un problema.
Antes del voto está la atención.
Y esa batalla ya ha empezado.